miércoles, marzo 03, 2010

La hermana/ Sandor Marai








DOSSIER







4 comentarios:

Mari Carmen López dijo...

Hola a tod@s!

Como hoy jueves no puedo ir, aqui van mis comentarios:

Me leí las primeras 150 págs. y me está gustando La Hermana. A pesar de ser tan filosófica y profunda, resulta que todos alguna vez nos hemos preguntado que se sentirá en momentos como los que está viviendo el protagonista.

En el tema de la pasión de los dos personajes suicidas, pareciera que la mujer fue la que indujo al suicidio a su amante, debido a su “enfermedad psicológica”. Me gustaría saber que piensa el grupo sobre esto.
¿Será así o es una concepción machista de la época?
¿Puede una pasión cegar la razón de un adulto maduro hasta tal punto de llevarlo a quitarse la vida?

Me identifiqué con la descripción que hace el protagonista Z. sobre su fe en Dios, que no cabe en ninguna de las religiones que ha conocido. Porque la fe es una cosa y otra la religión, las reglas, la pertenencia al grupo.

Lo que me tiene intrigada es saber quién es la hermana ¿será una monja del hospital? Porque cuando elnarrador contacta con su hermana verdadera, ésta ésta se sorprende mucho y le dice que no tiene contacto con su hermano hace tiempo.

Aquí lo dejo para seguir este finde leyendo. Cuelgo estos comentarios para que no se me olviden el próximo día.
Un saludito

J.Miguel dijo...

Es una buena obra de un gran escritor. Nos deja un sabor amargo porque habla de la condición humana y de sus emociones y realidades. Todo ello forma un mundo ciertamente caótico, en donde procuran poner un poco de orden y de paz, aquellos que llegan a comprender la complejidad del ser humano.
El autor acierta plénamente al reflejar las intenciones y emociones de los diferentes personajes en un difícil ejercicio de creación artística.
El amor, la soledad, la muerte, algunas vivencias del ser humano, y entre ellas la enfermedad. Que nos enfrenta con nuestro propio yo, con nuestro destino.
La soledad, el dolor, la rabia ante el cuerpo enfermo son emociones difícilemente asumibles en una cultura que no profundizó en cuestiones tan transcedentales. No basta con estar enfermo, hay que vencer a la enfermedad, o por lo menos procurarlo. Es necesario aprenderlo, y si al final la vida te llama pues...
Y por último la cuestión de fondo, la respopnsabilidad de vivir. Y vivir entre tanta gente. "Demasiados intereses: el tedio, la vanidad, la ambición, los sentidos, y al final la muerte. " ¿Quiénes pueden soportarlo y estar sanos?".

Girondiano dijo...

“La gente está sorda por los ruidos apagados de la vida” . Entresaco esta máxima, no de forma literal. Sabrán perdonarme los lectores admiradores de Marai por no citar la página, ni el contexto donde figura esta hermosa frase. Pero es el corolario que le pongo hoy , sentado ante el ordenador, a esta obra maestra; mañana, si volviera a recordar lo leído, posiblemente encontraría otra valoración totalmente diferente. Es precisamente en la atemporalidad donde radica una obra maestra; en la multiplicidad de lecturas, o como decía Octavio Paz, en la producción de nuevos significados. Pero hoy no quiero valorar un obra literaria, me apetece una reflexión.
Y es que, en la obra de Marai, los silencios molestan, cortan. El libro, cargado de preguntas retóricas, cuenta más con lo que no dice, que con lo expresado en palabras. Nos hace reflexionar sobre nuestra relación con la enfermedad, parece como si nos animara a dialogar con ella. La enfermedad como camino, que es la antesala de la vida y la muerte, y el dolor como telonero del placer físico. En definitiva, silencios que a modo de preguntas, encuentran respuestas en la naturaleza, en la descripción de un paisaje, silencios que se responden con melodías, con la música. Con el mundo en guerra, Z apacigua los ánimos interpretando piezas de Chopin y Beethoven, en el mismo instante que Polonia es invadida por la Alemania nazi. Por último el amor, siempre el amor, que aparece devorándolo todo en sus diferentes formas: el enfermizo, se lo coloco a “E”, el pasional podría ir con Carísima, y el espiritual con Dios, pero con un dios secular, como demiurgo.
En fin, ayer, alguien del Club comentaba mirando a la solapa del libro, que el rostro de Marai le era familiar. No sé, propongo que en el futuro, cuando acabemos un libro, vayamos a la solapa y nos fijemos en las facciones de los rostros de los escritores, para corroborar en sus estrías y en su mirada la familiaridad del contenido de lo leído, preguntarle por los enigmas que no hemos podido resolver y como no, esperar en silencio, sus respuestas… Con el tiempo, quiero imaginar el recorrido inverso para la elección de un libro, de esta manera, intuir la trama y el contenido por medio de una mirada silenciosa a la fotografía anclada en la solapa de un libro.

Juanbe dijo...

Me encantó