lunes, noviembre 23, 2015

Estupor y temblores/ Amélie Nothomb







DOSSIER


"El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie"


miércoles, octubre 07, 2015

Me llamo Rojo/ Orhan Pamuk

"Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido..."

martes, marzo 24, 2015

La noche más oscura / Paulette Peyronnet Lamigeon

Escrito en forma de monólogo interior, con unidad de lugar (interior de un coche), de tiempo (algunas horas entre la caída de la noche y el amanecer) y de acción (porque si bien aparecen muchos personajes, cada cual descrito realizando sus actividades variadas en distintos momentos, lo único que ocurre “de verdad” es que un hombre, Rubén,  triste porque su hermano pequeño acaba de morir, piensa). Desarrolla un monólogo interior en el que hace un repaso de su vida y de los personajes que la compartieron de alguna forma. Van apareciendo y me recuerdan las muñecas rusas - una dentro de la otra, así sucesivamente - Esta forma  obsesiva, repetitiva, crítica (el autor es crítico literario- vive sólo con 2 perros en un pueblito aislado) sin un resquicio de luz o de amor, sin esperanza, con un uso genial de las palabras, atrapa el lector en una espiral de desencanto, de tristeza, de asco, de cinismo. Es como una tragedia sin posibilidad de redención.

Rubén no ha tenido amor en su vida, ni el amor de su madre, ni el de su mujer, ni el de su hermano, ni el de su hija, ni el de su segunda mujer. Tampoco tuvo ayuda económica por parte de su madre y ha salido adelante de la única manera que él sabía: buscar el dinero, el poder, el respeto, ya que no el amor, como sea. Darles todo lo que él es capaz de dar a cambio de nada. Detrás de todas sus cavilaciones, está la sombra de los caballos, abiertos para sacar la droga, muertos, quemados, cuyos cadáveres vuelven a aparecer una y otra vez. Aparecen los personajes que han compartido sus maniobras y su vida (mafiosos rusos, prostitutas, su familia y sus propias reflexiones, en el mismo estilo de monólogo despiadado, sin luz y sin amor). Es como una determinación de sólo ver lo negativo, de utilizar un lenguaje muy bello a veces, sólo para envolvernos en esa noche, esa soledad sin esperanza. Incluso el embarazo de Mónica, su segunda mujer, que podría significar por fin amor y alegría no es sino el anuncio de la toma de poder por parte de una mujer que le admira y desea pero que no le ama.

Un símbolo de esta determinación, de esa decisión, es su mención, con respecto a su mujer enferma, que busca ayuda en la religión, a Kempis (místico del siglo XIV/XV que escribió una “Imitación de Cristo) del que dice que no fue declarado santo por la iglesia por una determinada razón (horrible por cierto). Y sí, fue declarado “santo” por la iglesia anglicana. ¿Por qué no contar la historia completa? Y su mención del “Retablo de Isenheim” en la que habla del Cristo monstruoso., en la tabla central. Da la casualidad que yo conozco este retablo, lo he visto en Colmar. Y hay otro Cristo, resucitado, que aparece al cerrar el tríptico, un Cristo con un cuerpo de luz cegadora. El autor menciona el Cristo que comparte los sufrimientos de los hombres pero no el que los invita a compartir su gloria. No hablo de religión, sino del mensaje que pretende transmitir el retablo. ¿Por qué no contar la historia completa? No le interesa al autor.
La estampa final, ya fuera del monólogo, confirma toda la desolación, la noche interior en la que nos quiere atrapar, y lo logra, el autor.

Creo que es una obra maestra, pero yo, personalmente, me niego a volver a leer un libro de estas características. Necesito luz, que también la hay.


Crematorio / Rafael Chirbes.-- Barcelona : Anagrama, 2007.
451 p., [1] h. ; 22 cm.-- (Narrativas hispánicas ; 418)

Ilustración: 
Hannah Höch




lunes, marzo 16, 2015

El día y la noche. La luz y la sombra / Fidelina Saavedra López

    El día y la noche. La luz y la sombra.

 Alegrías y preocupaciones o tristezas; de todo eso construimos nuestra vida. Siempre vamos buscando soluciones o respuestas a las incógnitas que las circunstancias de cada día nos plantean. La adolescencia es una etapa posterior a la infancia en la que ya no se espera de los demás la respuesta al "porqué".

 Cada adolescente se pregunta una gran cuestión: ¿Por qué todo es de una determinada manera? ¿Para qué se hace esto o aquello de determinada forma? Se siente diferente, original y quiere encontrar la respuesta por sí mismo/a. Algunos se encierran en sí mismos, como Martina; otros salen fuera de sí buscando, preguntando, observando, descubriendo,... Se paran a mirar, a escuchar, a reflexionar sobre lo que oyen y van configurando su respuesta al "quién soy yo", "para qué estoy aquí".

 Y nos hacemos adultos y aún no tenemos la respuesta definitiva porque pocos llegan a conocer desde su interior quiénes son y cómo quieren que sea su vida, y lo intentan. La mayoría nos dejamos arrastrar por el devenir sin actuar de forma plena para dar respuesta efectiva a los deseos más profundos de nuestro ser.

 Martina sentía un vacío interior. Necesitaba confiar, abrirse, comunicarse, escuchar, decidir.

 Los golpes fuertes nos sacuden. Cuando ella descubre que su padre está en paro y ya no quiere seguir luchando para conseguir un puesto de trabajo, cuando su hermano le dice que ha tenido un accidente de tráfico y está metido en un lío. 
 "Ser adulto es estar parando balones todo el rato". Ser adulto es tener actitud.
 El adolescente aún no tiene actitud. Es en la adolescencia cuando se empieza a aprender a tener actitud.
 Martina deseaba un lugar donde estar con otros jóvenes sin que fuera necesario hablar sino estar, hacerse presente, ser reconocida. Esto me recuerda, en los años 70, los clubes parroquiales. Eran eso, un lugar, un salón donde los jóvenes podían ir, estar, hacer amigos, mirar, escuchar. No se les pedía ningún documento de identidad sino que se tenía una actitud de acogida.

 Martina dejó de centrar su pensamiento en sí misma cuando se dio cuenta que las personas que ella quería necesitaban su apoyo. Siempre es la solidaridad, el amor en sus distintas maneras de expresión lo que transforma la vida de las personas.

«Dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir… Serví y encontré la alegría». (Rabindranath Tagore)

 Cuando los jóvenes se disponen a ser generosos, lo son sin condiciones. Tienen una energía especial cuando se empeñan en hacer un mundo más justo, más humano, más solidario.

 Para cada persona su proyecto, su ilusión, su aportación, es importante.

 El proyecto de Martina era muy significativo para ella y por eso pone todo su empeño hasta conseguirlo. A otros les puede parecer una chiquillada.

 ¿Consiguió lo que pretendía, los locales para jóvenes? No importa. Lo importante es que ella se atrevió a realizar aquello que ella deseaba. Todo lo demás: los problemas económicos de sus padres, el problema del accidente de su hermano, la salud del atropellado, deja de estar en este escenario.

 Martina ha pasado del egocentrismo a la acción transformadora.

Fidelina Saavedra López, es maestra jubilada y  miembro del Club de Lectura Liber


Deseo de ser punk / Belén Gopegui.-- 2ª ed. en "Compactos".-- Barcelona : Anagrama, 2011.
187 p. ; 21 cm.-- (Compactos ; 550)



Vestido de novia / Pierre Lemaitre









DOSSIER




viernes, marzo 13, 2015

Señores del jurado / Carlos Bonino

Señores del jurado: lo que hasta ahora no ha sabido entenderse es que Lolita, la novela, justo al contrario del criterio de muchos, significa precisamente una inversión del mito de Pigmalión. Ése es su mérito mayor y la razón de su originalidad. Jamás es Humbert quien lleva la batuta en esa relación extraña, obsesiva y por momentos torpe entre la niña y el hombre. Dolores Haze marca el paso. Humbert sólo se deja arrastrar por el objeto de su deseo, es a todos los efectos nada más que un pelele, muñeco triste, incapaz de liberarse, enquistado en el recuerdo de aquella otra Annabel a la que conoció de niño. Su evolución a lo largo de la novela es la propia de quien se presenta jubiloso a su propio sacrificio. Porque, no hay que dudarlo, desde el principio Humbert es consciente de que la niña será su perdición. Toda su escapada es sólo una farsa triste, una prórroga de amor hasta el inevitable desenlace. ¿Hablamos de amor? Sin duda. Amor y juego. Farsa, tragicomedia. La niña juega a conocerse poniendo a prueba los límites del hombre, y éste...bueno, sucumbe al tratar de purgar su herida más profunda, aunque hasta cierto punto logre redimirse asesinando a Quilty para vengar a Dolores (por cierto, ¿alguien puede pasar por alto la similitud fonética entre Quilty y Guilty- “culpable”, en inglés, idioma original de la novela-?).

 Desde cierto punto de vista no hay nada misterioso, nada sorprendente en la obra. La trama es sólo una excusa para la justificación y desarrollo de una sola idea: el poder cautivador de la juventud, su doloroso contraste con la madurez, y su poder extraordinario en ciertas circunstancias. ¿Recuerda esto a Witold Gombrowicz? Desde luego. Lolita es la versión erótica, explícita, de Ferdydurke. Su clave es la misma. De nuevo la juventud, la terneza, el encanto seduciendo al hombre de mediana edad, al adulto a la deriva. Lolita representa la promesa original, y es en ese sentido que conecta y desarrolla un arquetipo que ha consolidado y dura hasta nuestros días.

 Pero Nabokov se presta a juegos todavía más perversos que aquellos que vislumbran sus críticos más severos. Basta reparar en ello: como si quisiera ir un paso más allá, el autor no sólo presenta literariamente una relación reprobable por sus connotaciones pederastas, sino que obliga a Humbert a casarse con la madre de la niña.¿Qué tenemos entonces? ¡Incesto! Pero espera un momento. ¿Cuándo comienzan los encuentros más o menos taimados, más o menos discretos entre el padre y la hija? Al poco de iniciado el matrimonio, a espaldas de la madre. Sumemos entonces “adulterio” a la lista de abominaciones calculada a conciencia por Nabokov. Toda una mina para los lectores más puritanos. Pederastia, adulterio e incesto, de un plumazo y sin despeinarse. Lo extraño es que la novela haya sobrevivido.

 Salud, Lolita. Y bendita seas.

Carlos Bonino, es escritor.


Lolita / Vladimir Nabokov ; traducción de Francesc Roca.-- 12ª ed.-- Barcelona : Anagrama, 2012.389 p. ; 20 cm.-- (Compactos ; 34)

jueves, marzo 12, 2015

Hasta que la muerte nos separe / Luz María Cabrales Llach

Bueno, vamos allá con Sophie Duguet y su experiencia surrealista en la ciudad de la cuna de este arte, que busca en el inconsciente para conocerse mejor. Estamos en París aunque hay que buscar en Google.
La primera referencia es Saint Elizabeth, luego Chilly Mazarin; ubicada en el bohemio barrio del Marais la primera, y la segunda, que además de ser  el lugar      donde dice ella que ha retirado a sus padres, lo
encontramos en sur, en el distrito de palacete, tal vez por su relativa cercanía a Versalles.
Tengo que decir en este momento que nada en la historia me recuerda a la ciudad luz. Sólo una persona que conociera bien estos parajes, sabría en dónde está ubicado. Por lo menos en el planteamiento de la historia, luego hay pocas descripciones del entorno, que no se refieran a la atmósfera subjetiva calificando los lugares como tristes o asfixiantes.
La lectura me colocó en un espacio parecido a lo que debe ser un mal viaje de ácido lisérgico, incluso en el que suponemos que puede vivir una persona que se haya presa de una paranoia o una fobia. Tal sentimiento se inclina hacia los niños  o hacia las personas en general.
En la página veinte, -lo digo por que tome nota, cuando ella tiró su pasado por la alcantarilla, también yo, debido a una sensación muy parecida a  a la ansiedad-, cerré el libro y lo dejé para un mejor momento. Luego, cuando continué, mi experiencia se tradujo, en un vano intento de ser independiente a los acontecimientos. Desasosiego sí tiene; el escritor consiguió con su cuidada escritura, -en las que incluye cambios de punto de vista narrativo y situaciones maníaco-depresivas-, que uno continuara leyendo lo que ocurre. Los hechos descritos pueden situar a la historia  como género de comedia ácida. Me vi dirigida hacia el abismo con la protagonista viendo efectivamente que “cuerpos del delito” sí teníamos. Motivos para asesinatos no encontré, sólo supongo que la protagonista se encontraba colocada o drogada,  no sabía quién era ella sólo, lo que su oscuro espejo reflejó.

La historia me recordó a una película llamada Niágara (o Niágara Falls) en la que Marilyn Monroe con Joseph Cotten, se buscaban en un laberinto  de espejos que se iban rompiendo según se acercaban el uno al otro.

CONCLUSIÓN

Sofía aparece en medio de un reguero de sangre pero ella se pone a buscar una partida de nacimiento y en vista que tiene un borroso punto de vista de su autoestima sólo vio la manera de escapar, follando (no puedo decir que haciendo el amor) a sus obstáculos, casualmente del género contrario.
Cuando llegué a la sección de “Buscando un marido”, ya le estaba dando la razón a Carlos Zanón en su artículo del sábado pasado, (21 de Febrero, EL País) refiriéndose al libro de Lemaitre, EL TRAJE DE NOVIA, como “Norman Bates del todo a cien”.
Puedo decir que el ámbito de la novela negra en las que suelo quedarme, no precisamente por su limpieza, es un lugar en la que los hechos son posibles, creíbles, casi reales.
Por lo tanto, la introducción de forma apresurada de textos de periódicos, de llamadas telefónicas a última hora para llegar a una conclusión por parte del lector acerca de por qué esa mujer se la ha pasado matando gente,  o por qué  su marido la odia o cualquier otra cosa, no me convence, acostumbrada como estoy al género policíaco como un mundo tenebroso, oscuro, difícil pero real.

LUZ MARIA CABRALES, es escritora y guionista.

Vestido de novia / Pierre Lemaitre ; traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.-- 2ª ed.-- Tres Cantos, Madrid : Alfaguara, 2014.  291 p. ; 24 cm.-- (Negra)

Imagen: Leticia Dolera, del film REC




domingo, febrero 22, 2015

Deseo de ser punk/ Belén Gopegui

Deseo de ser punk de Belén Gopegui es una novela que cuenta la historia de Martina, una adolescente con muchas inquietudes que hacen que se replantee su papel en la sociedad. Cuando pierde al único referente adulto que admiraba, todo cambia. Comienza una nueva andadura por la rebeldía a través de la música. Si te parece interesante puedes encontrar más información de la autora y su obra en los siguientes enlaces: 

                                        Puedes encontrar este título y muchos más en la Biblioteca Insular de Gran                                                     Canaria. Consulta nuestro catálogo aquí.

lunes, noviembre 24, 2014

En contacto con la vida / Luz María Cabrales

Leyendo Querido Diego, te abraza Quiela de Elena Poniatowska

La primera vez que oí hablar de “Querido Diego, te abraza Quiela”, una obra epistolar de ficción basada en la verdadera historia de Angelina Beloff, la primera mujer de Diego Rivera, sentí un enorme desprecio por ella. Me dije a mí misma, que no tenía ninguna necesidad de leer unas cartas en las que en las que una mujer abandonada reclamaba una respuesta de su marido, que jamás llegó. Pero existe el destino, existen los libros, los buenos escritores y la historia verdadera de lo humano. Cuando el libro llegó hasta mí, ocupó un breve espacio entre las lecturas que mantengo, debido a mi auténtico vicio por la lectura. No tengo que decir que las cartas se fueron desgranando noche sí, noche no, entre mis ojos; mi corazón y mi memoria. No tengo que decirlo, porque estoy escribiendo sobre ello. Pero sí tengo que decir, si soy honesta, que llegó el momento tan temido por mi verdadero yo, y ese momento fue en el que me puse en la piel de Diego Rivera. En ese momento se corrió el velo de la inconsciencia y comprendí que todos hemos abandonado a un gran amor a su suerte, ya sea porque el destino, una vez más nos ha secuestrado, o porque el corazón, como decía aquella canción de mi adolescencia (Nicola di Bari), es un “gitano”.“Sin culpa estoy yo/ gitano es mi corazón/ cadenas rompió/ es libre el gitano y va…/hasta encontrar el prado más verde que hay…/Recoge las estrellas sobre sí/ y se detendrá…/ quizás”, cuando llegue la muerte. La gran escritora cumplió muy bien su misión al relatar, con una gramática concisa y llena de poesía, una historia que es posible que haya ocurrido o no, pero que nos enseña un aspecto íntimo de la naturaleza femenina. Nunca seré la misma después de la lectura de estas cartas. Gracias Elena Poniatowska por tu entrega.

viernes, octubre 10, 2014

"La vida de las mujeres", de Alice Munro

 Por Carlos Bonino

 Imaginemos un ligerísimo filamento en suspensión. Del grosor de un cabello. Cualquier imperceptible variación de la corriente (de aire, de energía) provocará en él un efecto. Así, el temperamento y personalidad del artista. Su corazón es un sismógrafo, un barómetro, un preciso y genuino polígrafo. En este sentido, la hiperestesia es condición fundamental del creador de ficciones (y no ficciones).

 Ese mecanismo afinado y preciso es Alice Munro.

 Tan afinada y precisa que al cándido podrá parecerle incluso despiadada. La morosidad en el detalle psicológico, el retrato total es la especialidad de Munro. Casi puede uno imaginarla de niña con su vestido de marinerita arrancando los ojos de las cuencas a los peces en su cesta sólo para exponerlos, colocarlos a la vista, que es la manera que el artista tiene de comprender el mundo. La misma curiosidad desprovista de alarma de la niña Jordan frente al miembro desnudo de Chamberlain  prefigura el espíritu de la futura narradora/artista.

 "La vida de las mujeres" es también, de nuevo, la crónica de los años de formación del escritor (como en Proust, en Henry Miller...). Su desenlace aparece como una coda de resonancias epifánicas a cuya altura sabemos que la autora ha encontrado su destino.

 El lector de Munro descubrirá también que sus palabras resuenan una vez cerrado el libro con la insistencia ciega de un grillo en una caracola. En este sentido, los contenidos de la obra actúan como un mágico sedimento que trabaja en silencio, un poso que se extiende y cobra nuevas dimensiones después de acabada la lectura. ¡Bravo por Alice Munro, capaz de bofetadas que escuecen al rato! No subestimemos esa especie de escándalo de fiesta en casa del vecino que se adivina como un pulso tras la aparente calma de sus relatos (rasgo que comparte con Sherwood Anderson y Steinbeck, por citar sólo esos nombres) porque es signo de auténtica grandeza literaria.

 Y al final del viaje, de la mano de Alicia (cicerone como la del cuento), uno descubre que, pese a las apariencias, no ha aprendido absolutamente nada del mundo que le rodea. Nada.

Sino tal vez algo más.

Algo distinto.

Otra cosa...  

jueves, marzo 20, 2014

Proyección del film "Truman Capote".

Ayer proyectamos el film, Truman Capote, del director Bennett Miller, para los miembros de los clubes de lectura y como  homenaje al gran Philip Seymour Hoffman.
Después de lo visto, no me extraña que los cinéfilos se tiren las manos a la cabeza tras su pérdida. Interpretación  impecable, estéticamente insuperable.

Contamos también con la colaboración, en los comentarios, del director venezolano, Carlos Reyes Lima, que habló de los paralelismos con la novela de Capote, "A sangre fría".


jueves, febrero 27, 2014

Cita Literaria en Casa Museo Pérez Galdós con Andreu Martín y Alexis Ravelo

Hoy, jueves, 20 horas, estaremos en la Casa Museo Pérez Galdós escuchando a dos grandes de la novela negra. Andreu Martín, avezado en estas lides y Alexis Ravelo que va camino de ello.

miércoles, diciembre 18, 2013

viernes, junio 21, 2013

Cine y Literatura. Encuentro de clubes de lectura juveniles

Proyecto piloto llevado a cabo durante el mes de mayo por Gemma del Rosario Quintana, animadora sociocultural y usuaria de la Biblioteca Insular, como parte del trabajo final del curso, "El animador y la animación..." organizado por la Universidad de Educación a Distancia (UNED).

lunes, abril 15, 2013

El retrato de Dorian Gray/ Oscar Wilde


Que suenen las olas/ Colección de relatos


Mujeres que escriben en Canarias y Marruecos

Latifa Baqua, Berbel, Fatima Bouziane, Dolores Campos-Herrero, Leila Chafai, Susana Guzner, Teresa Iturriaga Osa, Latifa Lbsir, Macarena Nieves Cáceres, C ristina R. Court, Rabea Rayhane.



viernes, abril 05, 2013

¿Coetzee?

Por Carlos Bonino.


Verano no es un libro sobre John Coetzee. De serlo, no hubiera podido escribirse. El propio Coetzee lo advierte todo el tiempo. El libro entero está recorrido por una ironía sutil, construido sobre la apariencia de un retrato del autor a cargo de terceros; ese trampantojo es justo el mayor mérito del libro, la cualidad que lo distingue como novela y como obra de arte. La confesión mayor que pudiera desprenderse de su historia no está contenida en lo que Coetzee hace decir a sus personajes, ni en las que hace pasar por sus propias notas, sino en todo caso en eso otro que queda oculto, no dicho, y, de forma complementaria, en la propia manera de ocultarlo (esto es, en cómo el autor cuenta su historia). Si hubiera dudas -que no las hay- en cuanto a la cualidad de artista del autor de Verano, quedan disipadas al instante cuando tomamos consciencia del mecanismo íntimo de su novela. Hay que haber traspasado esa frontera que significa para los autores mediocres el impuesto debido a un ego pertinaz, esa ceguera que incapacita a la gran mayoría para atreverse a pronunciar el propio nombre, a poner en juego su reputación, para construir un personaje a partir de la propia experiencia. Coetzee va un paso más allá: interroga a otros (personajes, también) acerca de su yo novelesco. Lo que es rizar el rizo. Construye así una escena compleja a partir de una idea sencilla. Hace lo que se ha hecho toda la vida (Henry Miller, Marcel Proust, Walt Whitman...) pero trata de volar algo más lejos. Y lo consigue.

John Coetzee, misógino, misántropo, poeta. El auténtico desastre social, la piedra en el zapato, el "célibataire", el impedido. Imagino a más de una mujer revolviéndose en su asiento mientras leía la novela, confundida en la inercia inevitable de la ficción con Sophie, Adriana, Margot o Julia, quizá compadecidas del autor del libro. Habrá quien haya sentido deseos de peinar a Coetzee, de darle de comer, de atarle los zapatos, ¡de casarse con él para cambiarlo! En cualquiera de los casos, se trataría de un éxito de la novela construida, de un teatro de doscientas cincuenta y cinco páginas con John Coetzee, autor, como director de escena. Pero, ¿no hay nada de Coetzee en el John de la novela?, se resiste la pelirroja del asiento del fondo. Desde luego. La novela entera es John Maxwell Coetzee, por encima (e incluso por debajo) de la intención del autor. Pero las razones de semejanza son otras, bastante más oblicuas, que el azar de la mera coincidencia en los hechos. Yerra quien busca al autor únicamente en lo que el autor muestra. Toda la novela está animada por un aliento, sostenida por un estilo, un cierto ritmo, y construida a partir de exposiciones tanto como de omisiones (que son siempre más definitivas). Deducir a Coetzee a partir del personaje homónimo es esfuerzo vano. Lo que queda para el disfrute es un libro, una novela. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 O no.

De todas formas, ¿a quién le importa?

Alcazaba/ Jesús Sánchez Adalid


miércoles, marzo 27, 2013

jueves, marzo 07, 2013

CINE-FORUM- Cosmópolis de David Cronenberg

¿DÓNDE DUERMEN LAS LIMUSINAS?

Un multimillonario, tiburón financiero de 28 años, decide cortarse el pelo al otro lado de la ciudad de New York. Durante el trayecto surgen una serie de acontecimientos que ralentiza, y de qué manera, la llegada a la barbería. La Limusina Blanca en el que va, símbolo del capitalismo galopante, es el bunker que lo protege de los embates sociales de una sociedad futurista en la forma, pero sin futuro en el fondo. El interior del vehículo es donde se cuecen las historias, diálogos visionarios e incertidumbres que llevan al personaje principal a un destino incierto pero legitimado hacia la autodestrucción.
Éste es a grosso modo, el argumento aderezado de esta road-movie de Cronenberg.

Si hay un director que genere controversia, ese es David Cronenberg (Toronto-1943). Si hay un director de culto, ese es David Cronenberg. Sus biografías, películas o material documental, desaparecen de las bibliotecas al mismo ritmo que los Kerouac, Burroughs, Ginsberg y toda la Generación Beat. No hay mejor regalo para un friki que colocarle a su fetiche un cartel de prohibido, o en el caso de las bibliotecas, de "No Prestable". Para estos anómicos, la mejor forma de disfrutar una película de Cronenberg es hurtar la misma para, como dice un buen amigo cineasta, consumirla bajo los efectos de un par de cervezas. No hay mejor forma.
Para el resto de los mortales, Cronenberg es sesudo, provocativo, mórbido, fragmentario, díficilmente digerible pero con una capacidad de persuasión propia de los grandes del cine. En cierto modo, es de sentido común, pues su obra explora, o mejor, flirtea con una estética explícita, pero a su vez intimista que hace que sus flashes deslumbren en la oscuridad, no en el momento, pero sí con el tiempo, con mucho tiempo.
"Necesitamos una nueva teoría del tiempo" sentencia uno de los personajes femeninos de la novela "Cosmópolis", que DonDeLillo, su autor, pone en manos de Cronenberg. Si miro a la página de al lado, encuentro la respuesta que da el personaje principal, el porqué..."Existe un orden a nivel profundo...un patrón a la espera de que alguien acierte a descubrirlo". El gran logro de DeLillo es precisamente éste, mantener la tensión narrativa de una obra fragmentada, sin hilo argumental, ojear de delante hacia atrás y encontrar respuestas a preguntas que te hagas. Una obra proteica y aforística.
La versión cinematográfica es igual de literaria pero despojada, sin piedad, de humanidad. Personajes neutros, sin alma, que odian lo razonable y que carecen de herramientas sociales. Sería muy fácil intuir que el poder siempre mira desde la barrera, desde La Gran Limusina Blanca que a modo de Leviatan enguye a todos por igual o quizás sería mejor pensar que las limusinas, éstas con minúsculas, no duermen, simplemente se aparcan en un garaje para que solos unos pocos, con nombres y apellidos, las disfruten. Con Cronenberg no hay certezas.
Ayer tuvimos la oportunidad de visionar Cosmópolis con algunos miembros de clubes de lectura de nuestra Biblioteca. Una vez terminada, los rostros reflejaban cansancio, desasosiego, y costó concretar algunas opiniones contradictorias, pero que, tirando de la madeja, fueron convirtiéndose en una valoración positiva. Curiosidades y logros de los clubes de lectura.
En definitiva, una película mediocre, en la zaga de las últimas del director canadiense, pero no por ello, menos interesante.


Biblioteca Insular